El tema de la mujer ha interesado desde siempre y ha sido objeto de estudio y fuente de inspiración para poetas, escritores y filósofos. Las mujeres han estado rodeadas de un halo de misterio que ha inquietado a los hombres y les ha llevado a interpretar muchas veces de forma errónea, lo que de ellas les fascinaba y a la vez les atemorizaba.

A la mujer se la ha idealizado pero también se la ha denigrado, acusada de causa de perdición, de bruja, de prostituta o de loca.

Esta atracción e intriga por el tema de la mujer también ha alcanzado a las mismas mujeres para las cuales su propio mundo con frecuencia es incomprensible, llevándoles a hacerse la pregunta de ¿Qué significa ser mujer? Y qué se espera de ellas como madres, como hijas, como esposas o como amantes.

El mundo femenino es difícil de comprender por los hombres pero también por las propias mujeres.

Sus afectos, su sensibilidad o su sexualidad son con frecuencia enigmáticos.

El mundo femenino está sumamente comprometido con el cuerpo. Existen vivencias que les son propias en las que el cuerpo está en primer plano, las reglas, el embarazo, amamantar, la menopausia, todas ellas son vivencias que influyen en su psiquismo y en su afectividad de forma radical alterando y produciendo modificaciones tan importantes que pueden dar la apariencia de desequilibrio.

Por otra parte a la mujer se le atribuye un goce propio, enigmático y diferente que invade todo su ser y acerca del cual ella misma se pregunta. Se trata de un goce que va más allá del órgano sexual, es un goce que la invade y del que le cuesta poder hablar.

 

¿Qué es ser mujer?

Definir lo que es ser mujer es un imposible porque el acceso a la feminidad está mediatizado por la cultura. No existe lo femenino como algo dado y establecido. Tampoco es válida la idea de la mujer en sentido general.

Cada mujer se constituye como tal a través de su propia historia y de sus propias vivencias. Es en este sentido que Lacan afirma “La mujer no existe”, lo que existe son “Las mujeres”.

Hace años las mujeres eran las que acudían con más frecuencia a nuestras consultas, venían cargadas con el peso de la queja, con dolores en el cuerpo, con insatisfacciones y con muchas preguntas a la búsqueda de respuestas. Esto afortunadamente está cambiando hoy día y los hombres también han empezado a poder comunicar sus sufrimientos y a cuestionárselos.

Cada época tiene sus características diferentes de otras. La vida y las costumbres cambian y con ello cambian los valores, los ideales y por supuesto los síntomas. Los avances de la ciencia traen consigo problemáticas que hace no mucho tiempo serían impensables.

Las mujeres, a través de su cuerpo y de sus dolencias, plantean preguntas y también respuestas a todos estos cambios.

En nuestros días la eficacia, la rapidez, la belleza, la juventud, el éxito o la competitividad son los protagonistas y no es difícil imaginar la frustración y el sentimiento de fracaso que se puede producir en las mujeres reales de carne y hueso que no responden a estos ideales.

Mujeres que ya no son jóvenes y cuyo cuerpo inevitablemente se ha visto modificado, o mujeres que son jóvenes pero no responden al canon de belleza en boga. A veces la soledad, el aislamiento y la frustración es la única salida que encuentran, no les resulta fácil encontrar amigos e incluso el mundo del trabajo se les cierra porque su apariencia no es la esperable.

Esta demanda social de belleza, juventud y éxito en un caldo de cultivo ideal para que aparezcan ofertas de todo tipo: dietas, cirugías, libros de autoayuda, remedios y de todo tipo presentados como rápidos y eficaces.

 

La mujer y la psicología

Los síntomas que con más frecuencia acuden hoy las mujeres a la consulta son la ansiedad, la depresión, los trastornos de la alimentación, la fibromialgia, la fatiga crónica etc. Nos podríamos preguntar si realmente son tan nuevos o simplemente es un cambio formal en consonancia con las características de nuestra vida actual.

Lo que sí es evidente, es que estos malestares están cuestionando el saber establecido y están poniendo de manifiesto que el ideal de mujer perfecta y exitosa es imposible.

Cuando una mujer habla, por ejemplo de su depresión, es importante escucharla y averiguar qué hay debajo.

Un síntoma puede presentar rasgos similares en diferentes mujeres pero cada una de ellas tendrá una historia, unas vivencias y unas causas que la habrán conducido a padecerlo y para que se produzca un alivio es necesario desvelar todo ello.

Debajo de un diagnóstico de depresión puede haber encubiertos diferentes conflictos, incluso más graves y es importante averiguarlos. Por eso encasillar con un diagnóstico médico y únicamente medicar para calmar el sufrimiento implica un evidente riesgo.

Proponemos una escucha a todos estos malestares a través de un trabajo de análisis y no solamente que el síntoma desaparezca bajo el efecto de un fármaco. Intentamos evitar que se indique una medicación o se rotule con una enfermedad sin averiguar la causa que está produciendo ese síntoma para que de este modo se pueda modificar.

Proponemos escuchar a las mujeres, qué dicen, de qué sufren, qué desean y qué necesitan y acompañarlas en el supuesto de que desconozcan su verdadero deseo a que lo descubran puedan luchar por él.

 

María Dolores Navarro Iniesta es Psicóloga en León, autora de varios artículos y ponente en Congresos.